
Este reciente alud de relaves ocasionado por la minera Caudalosa Chica ya se veía venir, y la desidia es parte integrante de lo ocurrido. Desde el año 2005, el Ministerio de Energía y Minas con el Gobierno Regional en el estudio “Caracterización del Departamento de Huancavelica” ya advertía que, entre otros, los relaves de esta minera tenían un impacto negativo en los suelos, el agua y el aire. En setiembre de 2006, dicha minera derramó relaves en el río Totorapampa, perjudicando las actividades agrícolas y ganaderas de la zona, ocasionando una marcha de los pobladores de Huachocolpa, además de una irrisoria multa de 5 UIT –equivalentes a S/. 17,000 (US$ 5,200)– impuesta por la autoridad regional de Energía y Minas. En octubre de 2008 vertió al cauce del río Apomayo aguas ácidas sin tratamiento, ocasionando graves daños al medio ambiente, provocando un paro, y la denuncia ante la autoridad competente (Osinergmin) por violar normativas ambientales. Y en febrero de 2009 volvió a derramar sus relaves al río Opamayo, cerca a la localidad de Lircay, ocasionando otro paro provincial.
En este panorama, a pesar que la minera Caudalosa Chica tiene un extenso historial contaminante, y que las autoridades y pobladores de la zona han presentado quejas y denuncias, y realizado diversos paros y marchas, el gobierno y las autoridades competentes del Ministerio de Energía y Minas han demostrado desidia por no prestarles atención, y por haber permitido que esta minera, durante el procesamiento de minerales, siga llenando de relaves un dique en pésimo estado de conservación, hasta que su colapso produjo este grave desastre ecológico con consecuencias que pueden ser irreversibles en los ecosistemas y en la salud de los pobladores.
Publicado en el diario EXPRESO, fecha 10 de julio de 2010